PROYECTOS SABA
PRESENTACIÓN DEL LIBRO
“EN LA MIRA, El Chiste Político de México”
De Samuel Schmidt
Por Salvador Borrego
Muy buenas noches. Es un verdadero placer estar aquí con ustedes. Un honor participar en esta ocasión como presentador de este libro En la Mira, El chiste Político en México, de Samuel Schmidt; y digo que es un honor porque para alguien como un servidor que durante años ha insistido en entender el fenómeno político como un fenómeno complejo, siguiendo las orientaciones de Niklas Luhmann, un fenómeno complejo que requiere de mecanismos de reducción de la complejidad, del análisis con enfoque multidisciplinario, resulta por demás interesante encontrar un libro que presenta una vertiente más, muy razonable, la del chiste político, para asomarnos de manera más justa al fenómeno político.
He disfrutado mucho la lectura de este libro, un elemento adicional de gozo es que pienso que es este un enfoque que tiene muchas posibilidades de mercado, por la aportación que el humor representa. Por la posibilidad de que los jóvenes, de que los públicos amplios se acerquen a esto, aunque sea por el simple interés de disfrutar de esta lectura como placer morboso, porque los cuentos, los chistes que están aquí son realmente ingeniosos, y ya en ese trance se abra la posibilidad de acercamiento a la profundidad del fenómeno-social, a los análisis de nuestros filósofos y grandes pensadores con respecto a la naturaleza de los mexicanos.
Hace algunos años mi hija Mónica Borrego, que se firma como Mónica Muskaria cuando escribe, participó en un concurso sobre lo que leen los mexicanos, y ella me pidió que aprovechara que estábamos siguiendo el fenómeno del proceso electoral del 2006, para montar algunas preguntas que nos permitieran saber cómo estaba el fenómeno de la lectura en México. En esa ocasión dos preguntas claves eran: ¿Está usted leyendo algún libro? y ¿Hay algún libro que le haya cambiado la forma de ver la vida?
Los resultados que obtuvimos ella los presentó de un modo muy interesante, haciendo una alegoría para mostrar una biblioteca virtual de los mexicanos. Esta biblioteca debería quedar conformada por los libros que en aquel momento estuviese leyendo algún mexicano o que le hubiese cambiado la vida a algún mexicano. La biblioteca quedó integrada fundamentalmente por biblias y por libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez como Juventud en Éxtasis y libros de superación personal, y entonces veía uno esa biblioteca con los ojos de la imaginación y la verdad daban ganas de llorar.
Ante esta situación lamentable, de un pueblo como el nuestro que no lee mucho, y que lo poco que lee no está para presumirse, es muy gratificante participar en la presentación de un libro que pudiera aportar una mayor posibilidad de generar en los lectores el interés por disfrutar de cosas con una mayor seriedad en su enfoque.
Entre las cosas que más me llamaron la atención en este libro y que quiero destacar ante ustedes, en algunos casos con breves comentarios míos, están las siguientes:
El sentido de anticipación del chiste político. En la página 18 de la introducción nos explica:
Los chistes políticos muchas veces establecen el tono de las expectativas sociales aun antes de que lo hagan los analistas y, en el caso de México, expresan los sentimientos y esperanzas sociales.
Esto es interesante porque apunta ya desde aquí a una incompletes del análisis político, al dejar fuera en términos generales este aspecto, mas adelante en la misma página señala:
Culturalmente, los mexicanos están más dispuestos a reírse que a participar activamente, debido a que el régimen autoritario les deja pocas posibilidades para influir o cambiar los aspectos rechazables del gobierno. Por lo tanto, los chistes sirven para transmitir un mensaje de insatisfacción y desahogo de la frustración.
En la siguiente página el autor también nos explica de manera concreta el propósito central del libro.
El propósito central de este libro es entender por qué los mexicanos se ríen de la política y qué impacto tiene esto sobre el sistema político y, en la medida de lo posible, sugerir un nuevo enfoque para entender la cultura política mexicana.
El efecto catártico del chiste se aprecia en la página 24 cuando nos indica que: El humor es tal vez el instrumento para aliviar la frustración política. Es una válvula de escape que la sociedad utiliza para vengarse de los políticos sin arriesgar la estabilidad política
Despertó mi interés estadístico cuando afirma, en las páginas 27 y 28, que: Dada la escasez de estudios sobre el humor político es muy temprano para generalizar y llegar a supuestos teóricos sobre el impacto en la participación social. Sin embargo, podemos correlacionar entre otras cosas las condiciones económicas con la crudeza de los chistes y la libertad política con el número de chistes.
Aunque un estudio para buscar estas correlaciones requiere de mucho más esfuerzo, la idea me sugirió indagar un poco sobre el chiste político en Nuevo León, y pregunté entonces a los nuevoleoneses al respecto.
Encontramos que más que el presidente o el gobernador, es el Alcalde de Monterrey el más popular por los contadores de chistes, pues alrededor del 30% de los entrevistados han escuchado algún chiste sobre él, contra 10% del presidente de la república y 14% del gobernador.
Otra condición que destaca en la lectura de este capítulo es la semi-clandestinidad del chiste político. De ahí la escases de estos en forma escrita.
Nos llama también la atención en la página 62 el comentario de que: Los nazis, por ejemplo, crearon cortes para juzgar a los que hacían chistes y a los que nombraban a sus perros o caballos Adolfo, y Hermann Goering instruyó a la Academia Alemana de la Ley para que sancionara a esta clase de chistes como actos contra el führer, el Estado o contra todo el sistema nazi.
Resulta interesante esta observación, porque habla de una reacción extrema ante los chistes de una clase política específica. También interesante, en esta línea que tiene que ver con la tolerancia a los chistes, es la precisión que hace el autor sobre la resistencia política, que puede definirse como el rechazo a cooperar con las estructuras de autoridad y poder político. Podemos distinguir, dice el autor, entre resistencia política activa y pasiva; la resistencia activa puede ser violenta o no violenta; las formas violentas incluyen movimientos guerrilleros e invasiones de tierras, las no violentas incluyen manifestaciones, marchas y huelgas, la resistencia política pasiva comprende la abstención electoral, la desobediencia civil y el humor político.
Algo que me llama la atención y está en la página 76, es cuando el autor habla de que el pensamiento convencional sugiere que hay una correlación negativa entre humor y democracia.
Me recuerda una historia que se cuenta de los tiempos del dictador Victoriano Huerta, sobre la decisión que tomaron de recoger las monedas de plata para introducir el papel moneda. Entonces empezaron a aparecer billetes con la leyenda siguiente:
El águila real mexicana
es muy ingrata y muy cruel,
se come toda la plata
y caga puro papel
Interesante aquí es la protección social que recibió el poeta, pues el gobierno encolerizado ofreció una recompensa para el que denunciara al autor de esos versos. Nunca se consiguió que alguien lo delatara, y al tiempo empezaron a circular otros billetes que decían así:
La parte interesada desea saber,
con qué dinero la recompensa se paga,
si con el que come
o con el que caga.
Una acotación interesante, en la página 94, es que los chistes pueden ser transferidos más rápido y con más seguridad que la crítica política, y quienes no deseen identificarse como críticos de un régimen pueden hacerlo sin declarar su preferencia política. Esto hace entonces del chiste un recurso de las elites, señala el autor, o de la elite para establecer una relación con el poder que le permita negociar con ella.
El capítulo 4 trata sobre chistes políticos contra los presidentes mexicanos. Es interesante la acotación que se hace en el sentido de que los chistes se enderezan contra de los símbolos de poder y en México, dado que el símbolo de poder más poderoso es el presidente, los chistes por lo común se enderezan contra él.
Entre las cosas que me llamaron la atención sobre estos chistes, es que en la época del maximato de Plutarco Elías Calles a Emilio Portes Gil, a Pascual Ortiz Rubio y a Abelardo Rodríguez, se les conoció, respectivamente, como: pelele1, pepele2 y pepele3. Luego entonces a Andrés Manuel López Obrador se le escapó este detalle histórico. El debió referirse en consecuencia al pelele4.
El capítulo 4 es básicamente una muy buena colección de chistes, donde por supuesto destacan los de Luis Echeverría Álvarez, los de José López Portillo y los de Carlos Salinas de Gortari.
El capítulo 5 se refiere a Zedillo y Fox o los restos del naufragio, dice el autor. Algo que me sorprende del libro es la cantidad de chistes referentes a Ernesto Zedillo y la carga tan pesada de ellos; es una reacción hasta cierto punto natural de lo que se sufrió como consecuencia del error de diciembre, por la torpeza con que se manejó la devaluación aquella. Al final de la página 283 empieza un chiste que se refiere a un niño japonés de nombre Zuzuki, yo lo conocía hasta la referencia a Lee Iacoca, y lo extendieron para darle cabida a Fox.
En la página 315, ya en las conclusiones del libro, hay una acotación que me parece importante. Nos dice el autor: La política, en su significado de real politik, se conduce a puerta cerrada, tras bambalinas, en un mundo subterráneo que provoca frustración social que se supera con el humor. Los chistes políticos envían mensajes a los políticos sobre aquellos aspectos de ellos o de su actividad que molestan a la sociedad y estos mensajes perciben corregir sin desestabilizar al gobierno.
En el siguiente párrafo nos dice Samuel: La cultura política mexicana muestra a una sociedad inerme que se siente inferior con respecto a los políticos. El carácter del mexicano refleja cómo la sociedad se ha adaptado a una historia traumática y cómo la ha asimilado con humor. Los mexicanos, en su rechazo a la autoridad, han convertido al presidente, que es el máximo símbolo del poder, en el blanco de los chistes.
Una de las conclusiones más importantes quizá es la que se plantea en la página 319, cuando el autor habla de que: La importancia del chiste depende del sistema político. Si el sistema es abierto y democrático el impacto del chiste es relativamente bajo, pero si el sistema es cerrado con libertades restringidas el chiste puede jugar un rol deslegitimador.
En este caso es claro que se refiere a la legitimidad de ejercicio en el poder, que tiene que ver con el cumplimiento de las expectativas que de su gobierno pueden formarse los ciudadanos, y no a la legitimidad de origen que tiene que ver con que la toma del poder haya cumplido con las normas constitucionales previstas para el caso.
Otro asunto interesante es cómo se plantea, también en las conclusiones, al humor como la búsqueda del placer. Esto quizá nos explique por qué, a pesar de todas las calamidades que vive, nuestro pueblo sea uno de los más felices que hay en la tierra. Es claro que no por ausencia de problemas, sino por la forma en que los enfrenta. En este caso particular, por la forma en que enfrenta los problemas que le genera la clase política.
En los últimos capítulos hay una serie de chistes políticos. Destacan de manera muy particular los que se contaron de Ernesto Zedillo Ponce de León, de Vicente Fox y en particular de su esposa Martha Sahagún. Una de las ideas que me queda al final de esto es que el chiste no refleja de manera muy clara, muy puntual, lo que en términos generales el pueblo de México piensa, como podría pretenderse. Sin embargo creo que, más que eso, es el reflejo de lo que la gente más aguda de México piensa.
Durante la elección del 2000 las mentes más o menos lúcidas no salían de su asombro, al ver que nuestros grandes intelectuales insistían en que la sola alternancia, esto es, con el solo hecho de que perdiera el PRI, este país iba a mejorar. Alguna vez llegué a pensar que realmente no lo decían con convicción, sino que de algún modo habían acordado engañar al pueblo de México orientándolo de un modo equivocado, pero llegue finalmente a la conclusión de que más que malintencionados estaban equivocados.
El chiste que tiene relación con lo anterior es el siguiente:
Resulta que nuestro actual presidente Ernesto Zedillo, ya casi concluido su mandato, sin haber resuelto ningún problema y abrumado de tanta crisis federal, delincuencia, pobreza, cárceles, magistrados destituidos, mexicanos corruptos, constitución ultraviolada, etc, decide mandarlo todo al diablo y olvidarse por un buen tiempo de este México tan desagradecido y mal correspondido con todo aquel que quiera hacer algo por la patria.
Para ello, y quizás de forma un poco tajante e irreflexiva, decide irse a Nueva York y meterse en criogenia (hibernación bajo congelamiento) por cincuenta largos años. Así lo hace y una vez cumplido este plazo es despertado por una enfermera de blanco que le comunica que el tratamiento se ha cumplido y que puede retomar sus actividades normalmente.
Zedillo, bastante descansado después de la siesta, se dirige al aeropuerto y como el hombre está acostumbrado a viajar en lo mejor, solicita el primer vuelo a México, D.F., en la mejor línea aérea y la aeromoza le da un pasaje. El hombre se dirige al punto de embarque, desde donde se distingue un avión, muy superior en modernidad y tamaño a los demás; en el costado puede leerse claramente Space Mexico.
Pregunta anonadado si esta línea tiene que ver algo con la antigua Aeroméxico, a lo que el encargado contesta que ésta es la filial espacial de la línea más importante del mundo: Mexnasa.
Asombrado por el florecimiento de la línea aérea, se sube al megaavión y toma asiento: cuando pasa una aeromoza, le pregunta a qué hora llega el avión a México y ella le responde que en treinta minutos.
Zedillo no cabe en su estupor y creyendo haberse equivocado de avión pregunta si es el vuelo de Nueva York-México:
-Sí, éste es –le contesta la azafata-, lo que sucede es que usted viaja en un Azteca 5000, la más alta tecnología en aeronáutica, construido íntegramente en México; es el único avión capaz de volar fuera de órbita, a una velocidad diez veces superior a la del sonido.
Bueno, Zedillo tiene un viaje tranquilo y breve por Space Mexico, aterrizando treinta minutos después en México, D.F. Al bajar del avión queda asombrado del avance tecnológico y la calidad del servicio del aeropuerto, y a la distancia se ve algo parecido a un transbordador espacial. Con una sonrisa de orgullo comenta a un pasajero lo grandioso que es el aeropuerto; aquél, sin inmutarse, le contesta que es el más grande y moderno del mundo.
Nuestro amigo se dirige a la calle y en el primer nivel de los cuatro de la autopista espera un taxi, y de pronto ve aparecer un auto sin ruedas que levitando se detiene ante él… En la marca de fábrica se ve claramente el escudo nacional y tres letras HEM (Hecho en México). Se sube y le pide al chofer que lo lleve al Palacio de Gobierno, y el
chofer lo corrige:
-Usted se refiere al Museo de Gobierno.
-¿Qué ya no es el palacio de gobierno?
-No, ya no, es que se quedó chico, pero al lado está el edificio más alto del mundo, sede de nuestro poder administrativo, ¿lo llevo allá?
-Bueno- contesta Zedillo, quien no termina de salir de su asombro.
Por el camino va conversando, mientras ve a un lado y otro carreteras de tres y cuatro niveles, un tren eléctrico espectacular y, de fondo, inmensos rascacielos cubriendo lo que alguna vez fueron incómodos viaductos. Mira el río Xochimilco con cristalinas aguas, patos y cisnes, y a la gente pescando desde la orilla, lo que se ve muy pintoresco, sobre todo con un cielo azul intenso y sin contaminación. Finalmente, el chofer se detiene frente a un rascacielos gigantesco.
-Llegamos, señor- dice el chofer mientras se abre la puerta automática del poderoso auto levitáguila Aztec.
-Muchas gracias. ¡Chale que ha crecido, México, ¿no?!
-La ciudad más moderna del mundo, señor.
-Bueno, ¿cuánto le debo?
-Son tres foxes, señor.
Este chiste es de la mayor relevancia, porque tiene la agudeza de ridiculizar a nuestros intelectuales, a una buena gama de nuestros intelectuales, que se fueron totalmente con la finta y encauzaron al pueblo de México en una fantasía muy costosa que seguimos pagando, al inscribirnos desde el 2000 en lo que algunos llamamos la Rebelión de los Pendejos.
Los chistes políticos recurrentemente pretendieron mostrar al presidente como un pendejo, como una forma de fastidiar mostrando la inconformidad. Con Vicente Fox esto se pierde, porque más que una ofensa resultó ser un simple diagnóstico.
El tema del chiste político da para mucho más. Felicidades a Samuel Schmidt. De la manera más amplia recomendamos su libro y esperamos pronto ver en circulación algo más de su ingenio y su valor, pues escribir los chistes es abandonar el semi-clandestinaje propio de los chistes políticos y por ende enfrentar las consecuencias de ello. Vaya entonces nuestra admiración al autor por su talento y nuestro reconocimiento por su valor civil.
Esperamos muy pronto “ver” a este libro, En la Mira, en la biblioteca virtual de los mexicanos antes referida, tanto por la condición de ser leído como por la condición de influencia en la forma de ver la vida de los mexicanos.
